Thursday, December 03, 2015



PERDER TU PÉRDIDA 
(texto con el que abriéramos en la radio el programa sobre “ludopatía”;
invitada: Mariela Coletti)



“…y es por esto que nadie que habite esta lengua (japonesa) tiene necesidad de ser psicoanalizado, sino para regularizar sus relaciones con las máquinas tragamonedas — incluso con los clientes más simplemente mecánicos” 

(Lacan, “Aviso al lector japonés”)  (1)


Ayer mientras volvía sobre este breve pasaje del "Aviso al lector japonés" de Lacan, me di cuenta de que hablaba de las relaciones con otros a los que les damos una doble condición: de clientes y de tragamonedas. Sí, entre esos otros podrían incluirse las reconocibles máquinas que habitan cuanto casino hay por ahí. Pero en la frase de Lacan se esboza que una persona también podría resultar ser un partenaire tragamonedas.

Justo acababa de repasar ese final abierto de “El jugador” de Fiodor Dostoievsky y no pude evitar imaginarme el ritual que se habrá repetido durante semanas y semanas: Fiodor dictándole a Polina Suslova su novela, es decir: la historia de otra Polina (Polina Alexandrovna). Dostoievsky frente a una mujer y una máquina de escribir. Con el tiempo, sabemos, terminaría proponiéndole casamiento a esa muchacha dactilógrafa.




Y no pude evitar jugar:

¿En qué momento de aquel dictado habrá empezado a suceder algo entre Dostoievsky y ella?: ¿antes o después de que le dictara la parte en que Polina, la hija del general, le reclama a Aleksei Ivanovich que haga algo por ella: que vaya a jugar a la ruleta?; ¿antes o después de que Aleksei se encuentra con más y más demandas de parte de Polina?. ¿Antes o después de que él ya esté atrapado por el impulso a jugarlo todo en una apuesta contra la ruleta? (es fácil especular que Aleksei es el mismo Fiodor, pero no deja de ser una especulación…). Lo que sí es cierto es que en esa época había máquinas de escribir pero no máquinas tragamonedas (lo cual no elimina la posibilidad de partenaires tragamonedas en pleno siglo XIX).

Tampoco pude evitar recordar que durante buena parte del seminario II Lacan se dedicó a hablar de máquinas, y fue así que desembocó no sólo en hablar de cibernética sino del cuento de Poe “La carta robada”. Y justo, llegado a ese punto, tuvo una ocurrencia: convertir el juego del “par o impar” en una secuencia de tirada de monedas. Fue ese día en que nació esa máquina de determinación simbólica hecha de letras y números que todos encontramos en “El seminario sobre la carta robada”



Sabemos que con el tiempo Lacan puso en cuestión que alcanzara con ello para dar cuenta de lo que sucede en un análisis: hay algo que se produce una y otra vez como pérdida en esa máquina.

Volví entonces a pensar en Fiodor y Polina. En la pasión de Dostoievsky por la ruleta. Se me vino en mente entonces este poema de Roberto Juarroz (2):

"Si has perdido tu nombre,
 recobraremos la puntada de las calles
 más solas
 para llamarte sin nombrarte.

Si has perdido tu casa,
despistaremos a los guardianes de la
cárcel
hasta dejarlos con su sombra y sin sus
muros.

Si has perdido el amor,
publicaremos un gran bando de palomas
desnudas
para atrasar la vida y darte tiempo.

Si has perdido tus límites,
recorreremos el cruento laberinto
hasta alzar otra forma desde el fondo.

Si has perdido tus ecos o tu origen,
los buscaremos, pero hacia adelante,
en el templo final de los orígenes.

Solamente si has perdido tu pérdida,
cortaremos el hilo
para empezar de nuevo."

Guillermo Cabado





(1)  Se trata del prefacio del 27/1/72 escrito por Lacan para la edición de sus "Escritos" traducidos al japonés.

(2) Poesía vertical IV. Su aporte se lo debo a Andrea del Giorgio

Saturday, October 17, 2015



DEL JUICIO ORAL COMO SHOW 
AL "ESO MIRA"

(En su visita a "Radiofonía": la notable trabajadora que resulta ser la jueza Gladys Krasuk) 


Posiblemente entre bambalinas de las cuatro clases que dedicara Lacan a "la esquizia del ojo y la mirada" (febrero y marzo de su seminario de 1964), esté sucediendo un diálogo con Michel Foucault, más precisamente con su abordaje de un año antes sobre "el nacimiento de la clínica".

Y ante ese diálogo, ¿cómo no pensar en aquel Charcot que de joven había querido ser pintor y que ya de adulto se dedicara a pintar el cuadro de la histeria para su público de la Salpetriere (aquel que ofrecía su mirada como soporte necesario para que el cuadro no se cayera a pedazos)?.

¿Cómo no pensar en esa posta que Foucault ubicara 11 años después en "Vigilar y castigar"?: aquel pasaje comprendido entre el verdugo y sus tormentos previos a la ejecución de la pena de muerte y el abordaje "de un ejército de técnicos" (Foucault, dixit) que con su conocimiento asegurarán una mejora en la economía del dolor físico antes de una pena de muerte. Un conocimiento técnico que los habilita a decidir qué es lo que anda y lo que no anda en un cuerpo.

Es en este último deslizamiento donde un hilo conecta lo aparentemente inconectable entre el verdugo y el "médico, psicólogo, psiquiatra" (otra vez: Foucault, dixit):  el show como disciplinamiento del público.




GLADYS KRASUK, O LA TORSIÓN DEL SHOW DISCIPLINADOR EN OTRA COSA

En nuestro programa de "Radiofonía" del lunes 12/10 nuestra invitada, la jueza Gladys Krasuk, nos habló del juicio oral como un show. Pero en el desarrollo de lo que ella se propone en un juicio lejos de aparecer la idea de "disciplinamiento" surge una búsqueda conmovedora por cederle la posición de sujeto al joven que está allí imputado.

Justo en ese punto nos evoca algo del origen del psicoanálisis: la posición de oyente de uno de los tantos que fueron parte del público del show de la Salpetriere, Sigmund Freud.

Por cierto, no hay modo de analogar la posición de un psicoanalista con la posición de un juez. Argumentarlo en este punto resultaría una obviedad. Sin embargo lo que escuchamos de Krasuk el lunes pasado nos enfrentó a un punto sensible: las posibilidades que abre un oyente cuando su modo de intervenir en lo que el otro le dirige no está regido por el discurso del amo. 

Los invitamos a escuchar el programa con la jueza para rastrear algo de esas posibilidades (1).

Pero en tanto éste es un programa hecho por psicoanalistas, también los invitamos a un viaje posible, el que se traza entre estos puntos del seminario de Lacan:

- La introducción del cuadro "Los embajadores" de Holbein en el mismo seminario en el que Lacan ubica la posición de Antígona ante la ley de los hombres ("La ética del psicoanálisis")

- La problematización del objeto que va desde el das Ding en ese mismo seminario, pasa por el agalma y Sócrates ("La transferencia, en su..."), la invención del objeto a el 9/1/63 ("La angustia") y desemboca en la subversión de la función del cuadro al retomar "Los embajadores" de Holbein ("Los cuatro conceptos fundamentales").

- Puerto que nos lleva al inicio de nuestro comentario: aquellas cuatro clases de febrero y marzo de 1964 con otro diálogo no explícito que mantiene allí Lacan, esta vez con George Bataille y su idea del ojo como "golosina caníbal". Esa suerte de oxímoron acaso sea la puerta para que dos años después Lacan se vuelva a servir de Foucault con otro cuadro: "Las meninas" ("El objeto del psicoanálisis").


En definitiva si de algo no se quiere enterar el discurso del amo es que ese ojo que busca devorar en su show hasta reducirlo a un soporte de sus cuadros, puede virar en caníbal. No el canibalismo en el sentido social del término, sino el canibalismo del "Eso mira" que nace de las mismas entrañas del show. Ese "dado a ver" que rompe con la intersubjetividad: ya no se trata del partenaire a disciplinar, se trata de lo que resuena en una pregunta a la que el amo rehuye: "¿qué es esto que en 'mí' se agita cuando disciplino?".

Guillermo Cabado

(1) clic aquí para escuchar el programa del 12/10 de "RADIOFONÍA": http://www.spreaker.com/user/8307772



Saturday, September 26, 2015


TOPOLO... ¿QUÉ?





"Para decir todo, aquí es requerida una justa topología, y, por lo tanto, una rectificación de lo que está implicado comúnmente en el uso que hacemos todos los días de la noción, teórica, de transferencia"

(Lacan en el arranque de su seminario 8 sobre la transferencia, no hacía más de quince días que se presentara en Royaumont para hablarle a filósofos en lo que resultaría ser su "Subversión del sujeto..."


Recién se fue un grupo de estudio. Nos detuvimos en este pasaje. Les dije que en breve, seminario 9, Lacan tomaría la topología de superficies (rama de las matemáticas que había llegado a su punto cúlmine de desarrollo hacia principios del siglo XX) para seguir formalizando lo que ya estaba en juego en su análisis del cuento de Poe, "La carta robada":¿qué quiere decir que para leer una carta/letra se requiera tener en cuenta que lo que hay para leer no es de ninguna profundidad sino que está oculto a la vista, a la clínica de la mirada?

Y les propuse este muy breve pasaje del libro de Marc Darmon, "Ensayos acerca de la topología lacaniana":

"Resulta así que es lo simbólico mismo lo que introduce una topología. La topología, en efecto, aborda el espacio desde un punto de vista que no es cuantitativo o métrico, sino cualitativo..."

Verdad de perogrullo a leer: en topología no se trata de cuantificar ni medir, sino de pensar en términos de cualidad. Vale para cuando un paciente por ejemplo viene a vernos "porque hace más de un año que no logra permanecer en un trabajo más de dos meses" y nosotros por ejemplo, transcurridos 6 meses de tratamiento nos preguntamos: "a ver, ¿cómo va el tratamiento?". Y se nos ocurre apelar a un clásico: "el motivo de consulta fue que no dura en un trabajo más de dos meses, a ver... ¿y ahora cómo le va con el laburo?"...

Sigue Darmon, dando cuenta de qué tipo de cualidad está hablando:

"..es decir que estudia la RELACIÓN entre diferentes LUGARES..."



Las mayúsculas son mías y quiero con ellas indicar que ahí tenemos una definición precisa de lo que está en juego en el término "topología" en Lacan, por más que se dice que no siempre la utiliza con el mismo rigor: "relación entre lugares". Digamos que, por ejemplo, ya cuando en el seminario II dice que el sujeto es un descentramiento está en juego un modo de pensar topológico: para entender qué es el sujeto en ese contexto es necesario pensar en una relación, una tensión entre "un centro" y "un Otro lugar, que es lo que no es centro". Y por cierto lugares que no son medibles sino que hay que leer en el decir del paciente: cuándo en su decir podemos verificar que algo se ha desfasado de esa ilusión de hacer centro en lo que se dice, en esa ilusión de que hablando habré de aprehenderme.

Y sigue Darmon:

"... relaciones de vecindad, de continuidad, de conexidad o, por lo contrario, de frontera, de separación y de borde" 

Es en este punto que les dije: en otro momento podríamos detenernos a estudiar con mucha más precisión todos estos asuntos (Alfredo Eidelsztein es un buen referente bibliográfico por caso), pero por lo pronto voy a hacer una muy breve articulación de esa "vecindad" que por supuesto nada tiene que ver con el Chavo del 8Se dice en topología que dos puntos son vecinos cuando no media entre ellos un corte.





Cortocircuito, y no tanto: volvamos al hipotético paciente que les consultara por los trabajos en los que no dura más de dos meses. Plantearse cómo va el tratamiento tomando como parámetro el hecho en sí del trabajo bien podría llevar a lo siguiente: "ahora hace 5 meses que está en el mismo trabajo... entonces el tratamiento va bien". Por supuesto, con ese criterio si luego de 6 meses de tratamiento nos encontráramos con que en "el mundo de los hechos" sigue pasándole lo mismo entonces... "el tratamiento no está funcionando". No parece un buen recurso...

Concluye el pasaje Darmon:

"...El principal resorte de la topología lacaniana consiste en la extraña relación que mantienen las palabras y las cosas"

Podría haber otro criterio para intentar responder a la pregunta por el tratamiento: por ejemplo que el paciente, si bien en el mundo de las cosas le sigue pasando lo mismo, en el tratamiento ha ubicado que "no durar en un trabajo más de dos meses"está de alguna manera ligado a "mamá siempre despreció a papá" pero también a "el viejo siempre me pareció un gil". No importa aquí las argumentaciones del paciente que podrían ligar estos puntos, simplemente se ha verificado que en más de un momento de las entrevistas "trabajo" viene ligado a estos otros dos items. Verificamos que el mismo paciente registra que no hay el uno sin los otros dos, no importa cuánto tarden en aparecer en su relato. Diremos entonces que son tres puntos "vecinos" en términos topológicos, esto es: infinitamente próximos (1)


Será ese tipo de "avances" los que tendremos en cuenta a la hora de preguntarnos por el tratamiento, y no si en el mundo de los hechos pasa tal o cual cosa con el trabajo (en tal caso lo que suceda allí en algún bien podrá ser consecuencia de lo que pase en el tratamiento, por añadidura)

En esa misma línea es posible entonces que en algún momento del tratamiento encontremos lo que en términos de topología de superficies podremos llamar un corte: será el caso en el que para el paciente "no durar en un trabajo más de dos meses" deje de de tener relación de "vecindad" con los otros dos puntos, el asunto del trabajo ya no se enganchará inercialmente con la cuestión del padre. Y no porque el paciente se dé cuenta de que no tiene sentido esa conexión, sino simplemente será a causa del modo en que ha venido tratando su decir. 


Ese modo de tratamiento es otro capítulo que requerirá de otras puntuaciones. Puntuaciones que incluso nos muestren la diferencia de practicar en una cinta de Möebius un corte cual curva de Jordan a partir de un punto relativamente equidistante de los bordes o de un punto cercano a uno de ellos. Pero eso lo dejaremos para otro día...

Guillermo Cabado





(1) Como se trata de "infinitud" prescindimos de una medida como podría ser la de"vienen enseguida, uno tras otro". "Infinito" implica una abstracción lógica que no se soporta en una imagen: ninguna imagen de medida ("enseguida", o "tarda muchísimo")puede dar cuenta de tal concepto. "Infinitamente próximos" indica que son tan próximos que no hay modo de dar una imagen de la medida de ello sin falsear la cuestión. "Próximos" hasta que un corte los separe. Cuando esa "vecindad" se juega en la superficie del decir no será con un "date cuenta de...", hablándole al Yo, que se resuelva.

Thursday, September 24, 2015


ESTOS SON LOS GRUPOS DE ESTUDIO ACTIVOS
AL DÍA DE HOY



1) Seminario VIII de Lacan (lunes 10.15hs, semanal)

2) "El amor Lacan", libro de Jean Allouch (lunes 18.45hs, semanal)

 3) Seminario IV y IX de Lacan, cruzados con "Letra por letra" de Jean Allouch (miércoles 17.15hs, semanal)

4) Seminario II de Lacan (miércoles 18.45, quincenal)

5) "Subversión del sujeto" de Lacan (miércoles 18.45, quincenal)

 6) Seminario VIII de Lacan (viernes 11hs, semanal)

7) "Juventud de Gide" y seminario IX de Lacan, cruzados con "Letra por letra" de Jean Allouch (viernes 12.30hs, semanal)

8) "Lacan con cine", taller que se realiza eventualmente los sábados a las 18hs

9) Grupos promovidos por "Espacio de Encuentros": viernes 9hs (por Skype), miércoles 20.15 (por Skype) y viernes 10hs (presencial) (todos semanales)


COORDINA:
Guillermo Cabado

INFORMES:
cabado@hotmail.com 

Saturday, September 19, 2015


RICARDO RODRÍGUEZ PONTE
por Carlos Marcos (*)

(Ricardo con Oscar Masotta, dibujo de la Cátedra Libre Masotta, precisamente)


(*) Texto leído en Encuentro Homenaje a Ricardo Rodríguez Ponte, 
Biblioteca Nacional Argentina, Buenos Aires, sábado 22 de Agosto de 2015


Buenas tardes. Mi nombre es Carlos Marcos y soy el bibliotecario de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Ricardo detestaba esta cosa de “la Escuela de” pero como tanto insistía con: “mi escuela”, hoy voy a decirlo de esta manera —si Uds. me lo permiten, claro—: “Bibliotecario de la Escuela de Ricardo Rodríguez Ponte”.

Con exactitud, no sé qué hago hoy acá. Habitualmente no voy a ningún tipo de reuniones de ex-alumnos. Ni siquiera soy ex-alumno de Ricardo. No soy psicoanalista. No tengo el tono adecuado para este tipo de reuniones. Soy un desarrapado en infinitos sentidos. Un poco mal hablado, incluso. No sé con exactitud que hago hoy acá, pero quiero agradecer la invitación a que lo averigüemos juntos. Gracias a las organizadoras del encuentro: Mirta Cisneros, Mónica Dembinski, Bárbara D'hers, Sol Gómez Peracca y Carolina Jones.

Consulté con algunos amigos si hoy era preciso indicar que transité un breve recorrido por el consultorio de Ricardo y por distintas razones me aconsejaron que así lo hiciera.

Cumplo entonces con la premisa pero tan sólo para dejarla de lado puesto que no es desde allí donde pretendo compartir algunas palabras. Hice un poco de chapa, pintura, cambio de aceite, alineación y balanceo del inconsciente con Ricardo pero en todo caso será mérito mío al elegirlo o virtud de él aceptarnos y bancarnos como pacientes y alumnos. No mucho más, no mucho menos.

(Carlos Marcos)

El ámbito lacaniano es un país donde los traductores gozan del máximo prestigio pero de la mínima autoridad, donde su opinión es solicitada o consultada muy a menudo pero reconocida con menos frecuencia de lo esperable. Creo que parte del reconocimiento al trabajo de Ricardo se debe a su empeño y a su obstinación, aquello que Roberto Arlt llamaba “prepotencia de trabajo” y sobre todo a su generosidad.

Todos reconocemos una y otra vez que fue un tipo muy generoso y quiero ser muy preciso con esta cosa de la generosidad. Porque me consta que él enviaba sus traducciones a quién la solicitase y sin costo alguno aunque fuera un astronauta cubano residente en Rusia devenido psicoanalista-traductor de Lacan del español al ruso. (Para más dato: no es un chiste. No pude rastrear el nombre del astronauta cubano, pero es un dato real).

Tenemos que agradecer que a lo largo de los años Ricardo encontrara el tono y la voz de Lacan en castellano. No es poco. Hay mil ejemplos de ello. Uno de los primeros traductores de Baudelaire al castellano fue el catalán Eduardo Marquina, un excelente escritor y poeta pero que transformaba a Baudelaire en una cosa espantosa, no es sino hasta las traducciones Julio Cortázar que leemos a Baudelaire con la belleza que ya le conocemos y que con Marquina sólo se presentía. Ustedes. pueden decirme que finalmente el autor se impone a estas y otras fatalidades, puede ser. Pero en el ámbito de las letras, bibliotecarios, libreros y escritores damos razón de ello, las responsabilidades de “Autor/Autoría/Autoridad” son compartidas entre el autor y el traductor (también editor, prologuista, compilador, corrector, etc). Tan compartidas son —y Ricardo se reía de esto— que hay versiones de los seminarios de Lacan que él nunca tradujo y que le han puesto la célebre leyenda: “Establecimiento del texto, traducción y notas: Ricardo E. Rodríguez Ponte, para circulación interna de la Escuela Freudiana de Buenos Aires” como una especie de garantía de calidad.

Tenemos que agradecer que Ricardo encontró el tono y la voz de Lacan en castellano, si. Pero también recuperó el valor de la nota al pie de página, el valor de la cita precisa para el lacanismo que no es otra cosa que el valor del diálogo. Durante muchos años, alentados por el estilo de Lacan, por sus lacaneadas, se citaba poco, tarde y mal. Lacan, sobre todo en los seminarios, también en los Escritos, era un tipo medio jodido. La cita, es justamente eso: una cita. Un punto de encuentro para el diálogo, para la discusión, para la interlocución. Y muchas veces Lacan te citaba en la Av. Las Heras y Austria pero no te indicaba de que ciudad o te enviaba a Vietnam. Comprendo que a veces hay que perderse para hallar algo pero no es necesario jugar al gallito ciego todo el tiempo. Ricardo con infinita paciencia y generosidad volvió a trazar un mapa de lecturas tan necesario para avanzar en el estudio que hoy se hace imprescindible. ¿Cómo se hace eso? Estudiando, leyendo, leyendo y compartiendo, leyendo como un animal, un animal de lecturas, eso fue Ricardo, un animal de lecturas que buscaba y compartía pistas. Eso también fue Ricardo: una especie de “sabueso lacanino”.

Hablando de “sabueso lacanino”, también quiero ser preciso sobre una versión que circularía por allí, sobre que Ricardo era un cabrón. ¡Era un cabrón! Un muy lindo cabrón. Me consta que en 22 años de trabajo siempre fue un tipo respetuoso, amable y sumamente cariñoso. Nunca sentí el más mínimo maltrato, al contrario, siempre tenía un gesto afectuoso para quienes lo rodeaban. Ricardo era Ricardo. Su estilo no era el de la falsa modestia, ni el de la elegancia altanera... sino quizá la timidez más extrema. Es cierto que en las asambleas, reuniones, clases y presentaciones, metía la frase justa en el sitio molesto... o la frase molesta en el sitio justo. Es cierto. Quizá por eso algunos recuerden el sonido y el sentido discordante, atonal, divergente en sus intervenciones… como buen sabueso lacanino a veces ladraba… ¡Pero qué lindo ladraba!


En 1993 concurrí a una entrevista de trabajo para ocupar el puesto de bibliotecario en la EFBA y salí completamente desalentado. Tenía 21 años, no entendía nada de psicoanálisis, no había leído nada de Lacan, era un desarrapado total como ya he dicho, pelo larguísimo incluido y, para colmo de males, junto a mí esperaban para ser entrevistados tres o cuatro personas de traje, adultos muy serios, muy correctos todos. Para mi sorpresa me llamaron para dos entrevistas más y aquí estamos.

Ricardo había trabajado en el cartel de biblioteca —sobre todo al inicio de la fundación de la biblioteca— en el período de recopilación y organización de los manuscritos y traducciones de los textos de Lacan y toda la bibliografía adyacente. Luego seguiría colaborando ininterrumpidamente a lo largo de toda su vida como Uds. bien saben. El consejo que les había dado al cartel de biblioteca que me entrevistó tenía que ver con abrir la biblioteca a la comunidad y que el acervo de esta biblioteca privada, “Sólo para Miembros”, como se acostumbraba en esos años, se transformara en material de acceso público. El cartel de biblioteca de esa época (Elsa Coriat, Liliana Cantagalli, Rosa Furman y Guillermo Asencio) tomó el consejo como parte de su proyecto político y no sin pocos altercados llegó a ser el proyecto político de la biblioteca de la EFBA. Yo apenas venía de trabajar en bibliotecas populares y comunitarias así que coincidimos en el carácter de lo que estaban buscando: formar una comunidad intelectual, una comunidad abierta de lectores según los consejos de Ricardo.

De ese modo me plantaron en la Biblioteca de la Escuela. Me indicaron dos teléfonos y arreglate. Uno era el de Elsa Coriat que formaba parte del Cartel de Biblioteca en ese momento y otro el de Ricardo: “Para cuando la gente pregunte o pida cosas raras”, me dijeron. Los psicoanalistas siempre piden cosas raras, así que el diálogo con Ricardo fue constante y enriquecedor durante muchísimo tiempo. Hablábamos como dos ratas de biblioteca que éramos. De ediciones, traductores, fechas, autores, revistas, artículos, fichas, notas al pie, bibliografía, hallazgos, compra de libros, lecturas, etc, etc, etc... y ahí se filtraba la vida. Al comienzo lo llamaba todos los días, luego un poco menos y finalmente no pasaba una semana que no cambiáramos alguna novedad. Como niños cambiando figuritas. Así es como las consultas con Ricardo transformaron su biblioteca personal en un anexo de la biblioteca de la Escuela.

Con su estilo de generosidad, Ricardo Rodríguez Ponte, claramente encarnaba esto de formar una comunidad abierta de lectores.

Un ejemplo de estas cuestiones que hacen a una comunidad intelectual que quiero compartir con Uds. es el siguiente. Como les decía antes, la biblioteca de Ricardo era una especie de extensión de la biblioteca de la EFBA. Muchísimas veces en que buscaba algo que muchos de Uds. solicitaban en la biblioteca y no lo teníamos yo se lo pedía a Ricardo, él inmediatamente o me dejaba una copia, o me lo facilitaba o se ponía a disposición. De la misma manera él llamaba a la biblioteca en búsqueda de algo diciendo “¿Tenemos en la biblioteca tal cosa o tal otra?”. Él mismo consideraba una extensión de su biblioteca a la biblioteca de la escuela. El “tenemos” siempre me llenó de orgullo.


Cierta vez Ricardo andaba detrás de un librito de François Leuret que Freud cita una única vez en “La interpretación de los sueños”, hace una mínima mención de este libro “Las indicaciones a seguir en el tratamiento moral de la locura” (1846) y Ricardo tenía la presunción de que Lacan aludía a ese trabajo sin nombrarlo. La cosa es que no existía en la biblioteca de la APA, ni en la Facultad, ni en la Nacional, ni en la del Congreso, pero había un psicoanalista que había trabajado el texto y con seguridad lo tenía. No recuerdo el nombre pero lo llamé para pedirle una copia que me negó. La salida más elegante para este tipo de miserias es “No lo encuentro” y la aparentemente más chistosa pero que más me chifla es “tengo algo que la biblioteca y el resto de los mortales no tienen”. Este tipo de contestaciones las hay y más de lo que imaginan. La cosa es que no conseguimos el librito y como consuelo le repetí a Ricardo una frase de un viejo librero anticuario para el cual trabajé, Alejandro López Medús: “Ya la muerte nos traerá sus tesoros”. Lo divirtió muchísimo y cada tanto tras alguna búsqueda infructuosa la repetíamos como una especie de chiste macabro. “Ya la muerte nos traerá sus tesoros”.


Mucho tiempo después, unos diez años más o menos, Diego Cordón, tras la pista de Ricardo insiste en llamar a la biblioteca por este librito. Había pasado tiempo pero internet y los catálogos on line estaban muy avanzados y en el término de unos pocos días, a través de la Biblioteca Nacional de Francia, teníamos copia del librito en la biblioteca. Se lo pasé a Diego y le conté la historia e inmediatamente hizo una traducción que donó en agradecimiento a la Escuela y al dato de Ricardo.

Esto es generosidad vuelta generosidad. Esto es una comunidad abierta de lectores por la que Ricardo trabajó en silencio tantos años.

Con internet todo ha cambiado mucho. Pero yo vengo de un pueblo donde alguien compraba un libro y se compartía con medio pueblo literalmente. No era difícil porque éramos 500 habitantes. Pero así se descubrían lecturas, autores, traductores, libros y sobre todo: modos de leer. Quizá también tenga que ver con la cuestión de los recursos sumamente limitados. Seguramente. Pero distribuir, compartir, transmitir y difundir conocimiento es una posición política.

Porque no hay vida humana para leer todo lo que hay para leer es que la generosidad de Ricardo vale lo que vale. Y la funesta frase de humor negro “ya la muerte nos traerá sus tesoros” no aplica en este caso. Los tesoros de Ricardo Esteban Rodríguez Ponte siempre estuvieron y estarán con nosotros."

Carlos Marcos 
(cofundador y director de la editorial "Muerde Muertos"http://muerdemuertos.blogspot.com.ar/)


(Lluis Llacht, me han dicho, era uno de los músicos preferidos de Ricardo)




Sunday, September 13, 2015


"CHE, PÁ... ¿FREUD TIENE EL WASSAP DE DIOS?" (revisitando el caso Juanito: algo más sobre "padre simbólico, imaginario y real")


(la excusa de que Juanito en su adultez deviniera músico, nos permite traer aquí al niño... John Lennon)

Reintroduciré aquí un apólogo que les propusiera en nuestra última reunión del taller "El film 'La caza': ¿Leer la letra o mirar el piso?"
Nos permitirá continuar con el distingo entre padre simbólico, imaginario y real, herramienta con la que Lacan lee la lógica del discurso del caso Juanito. Eso nos llevará a evocar un pasaje sensible de su seminario IV, "La relación de objeto"



"GARCÍA, A SU HIJO HAY QUE PONERLE LÍMITES"

Un padre llega a una entrevista con el analista de su pequeño hijo, inmerso en la impotencia. Habla, y hablando pasa de la queja por su hijo al autoreproche flagelante: "soy un desastre como padre". La lógica discursiva es la que Lacan aísla en el seminario IV como la frustraciónLa coloratura con la que aquí se presenta la experiencia de la falta es imaginaria. Y cuando decimos "imaginaria" apuntamos a que tal falta se presenta como un daño ubicable en términos de imagen. Por cierto, hemos planteado en nuestro taller en el "Centro Dos": no es ésa la modalidad de la falta con la que puede motorizarse un psicoanálisis.

En eso está el sr García cuando de repente escucha de boca del analista de su hijo: "a este chico hay que ponerle límites". García escucha esta respuesta como una revelación plena de sentido. Sale de la entrevista aliviado, ya no chapotea en la impotencia. Ha podido localizar su falla como padre: "el punto es que no pongo límites". Y se lo dice con el peso del "y nada que agregar, es eso". Acaso al pensarlo eso tenga el valor de un agujero para él, pero es cualitativamente diferente a "soy un desastre como padre".

Y parece que este "agujero" lo dispone a "poner límites" a su hijo en los días subsiguientes. Pero con el correr de la semana empieza a sentir que acaso se esté extralimitando,"pasándose de rosca" con su modo de intervenir ante las cosas que hace/dice su hijo. Se dispone entonces a ser menos severo. 

Pero... Unos días después comienza a sentir que "se pasó al otro estremo" : ahora se está quedando corto con sus intervenciones. Ni qué decir que para este entonces esa respuesta escuchada de boca del analista de su hijo como una ley pletórica que revela cómo funciona el mundo de "padres interviniendo sobre sus hijos", se le ha vuelto inentendible: "¡¿pero al final qué demonios es poner límites?!". Aparece tras la ilusión del "padre imaginario" (esto es: el valor que tomara para él aquella respuesta del analista) lo impensable del "padre simbólico".

(Sid Vicious, de niño) 

Vuelve a tener una entrevista con el analista. Le plantea su perplejidad. El analista intenta retomar su ley de "hay que poner límites", explicársela.

Lástima. Otro sería el cantar si ese papá recibiera una respuesta (una respuesta a veces requiere decenas de entrevistas) que se calibrara en esta dirección: "el único límite que usted necesita poner es el de hacer lo que puede, cada vez... García, el límite lo necesita usted, no su hijo". 

Tal calibración es solidaria de lo que implica el padre real. Es inevitable remitir al lector aquí a nuestra nota anterior: clic aquí

"ES CHOCANTE VER A FREUD EN ESA ACTITUD, PERO..."

"En el camino de regreso a casa, Hans preguntó al padre: 
'¿Acaso habla el profesor con el buen Dios, pues puede saberlo todo desde antes?'. 
Me enorgullecería extraordinariamente esta admisión de labios del niño si yo mismo no la hubiera provocado con mis fanfarronadas en chanza"
(Freud, pag 37, volumen X de edición Amorrortu)


Este pasaje pertenece a un momento del seminario, 3/4/57, en el que la lectura del caso está pivoteando alrededor del segundo giro de abordaje del caso Hans, que de un modo no explícito produce Lacan en el recorrido de esas 12 reuniones:

"Resulta muy chocante ver que tras el encuentro con Freud - se produce el 30 de marzo (...) - Juanito menciona a Dios una vez más. En fin, que el Profesor debe de hablar con el buen Dios para decir todo lo que acaba de decir. Esto, a Freud, algún cosquilleo sí que le produce, le divierte y al mismo tiempo le hace feliz. Por otra parte él mismo plantea cierta reserva, pues sin duda algo tiene que ver con esto su propia fatuidad, ya que no se ha privado de adoptar esa actitud de superioridad consistente en decirle: 'mucho antes de que tú nacieras, yo ya sabía que un niño iba a querer demasiado a su madre y, por esta razón, tendría dificultades con su padre'. 

Es chocante ver a Freud en esta actitud. Ni se nos ocurre reprochárselo."


(¿y éste?... sí, claro: Paul Mc Cartney)

Aquí Lacan abre un paréntesis respecto de esa actitud freudiana que no está exenta de cierta vanidad. Su comentario lo reintroduciré en esta nota en pie de página, pues ahora lo que interesa retener es qué lógica necesitamos leer en el modo de intervención de Freud (1):

"(aquí Freud) adopta verdaderamente la posición que podríamos llamar divina - le habla al joven Juan desde el Sinaí, y él acusa el golpe. Entiendan que la posición del padre simbólico, tal como se las he localizado en la articulación simbólica, permanece oculta. Situarse, como hace Freud, como el amo absoluto, no corresponde al padre simbólico sino al padre imaginario, y así es como aborda Freud la situación" ( el subrayado es nuestro) Entiendan que la posición del padre simbólico, tal como se las he localizado en la articulación simbólica, permanece oculta. Situarse, como hace Freud, como el amo absoluto, no corresponde al padre simbólico sino al padre imaginario, y así es como aborda Freud la situación" 

Como ubicáramos en nuestra nota anterior, para entender qué quiere decir que "el padre simbólico sea impensable" primero necesitamos recordar que reservamos el nombre de "padre" para un lugar que se habilita por la demanda. La demanda de una respuesta respecto del deseo inconciente (precisión que nos permite no confundir esa posición con tal o cual personaje concreto: así es como papá bien podría no estar convocado jamás a ese lugar del que responde). 

Luego: el padre simbólico será el valor, la lógica que adopta ese lugar cuando la respuesta se pretende plena, sin resto ni remisión a ningún más allá que la avale. Por ejemplo el lugar que Moisés en el monte Sinaí le habilita a Dios cuando frente a la zarza ardiente le pide que le diga su nombre. Es importante entender que en este caso lo que estamos leyendo es la enunciación de la intervención de Freud. Que por otra parte coincide con el modo en el que Juan la escucha (bien podría suceder que la intervención fuese producida desde una lógica y sin embargo su oyente la sancione con otro estatuto). Por ello, cuando de lo que se trata es de respuestas que el paciente ha recibido de otros que no sean su analista, ni nos ocupamos de ubicar desde dónde la produjo ese personaje "de la realidad". Lo único que nos importará es cómo la escucha el paciente, qué lógica guarda en el relato que nos dirige. En este caso Lacan se sirve de este modo de leer para pensar cómo interviene el analista.

Así las cosas, en tanto ese lugar de respuesta plena es impensable, condenado a fallar al encarnarse, hace que la respuesta de Freud tenga el color de "padre imaginario". "Es el padre de la omnipotencia", precisó Lacan al inicio de esta clase del 3 de abril de la que hablamos. Esto es: funcional a la ilusión del que paciente de hacer uno consigo mismo, de poder representarse plenamente, sin división. En este punto la respuesta de Freud tiene el valor de dar imagen de cómo funcionan las cosas, de cuál es el orden del mundo. ¿Cuánto puede perdurar esa imagen, en tanto de fondo tiene la pretensión de una respuesta plena?... El apólogo del inicio acaso nos sirva como respuesta, sino en términos de tiempos cronológicos sí en términos de tiempos lógicos.


Como sea ya necesitamos afirmar que es por esto mismo que en el cuadro que Lacan retoma en el inicio de la clase del 13/3/57 ese padre imaginario es solidario de la presentación de la falta en términos de privación (esto es: cuando el peso de la falta es el de lo real): sólo con la afirmación lograda de un orden del mundo ("flaco, el mundo funciona así") como resulta ser la respuesta "no todos tienen falo" se puede presentar en un discurso la falta articulada, presentificada, experimentada como real (privación). Hablo de una falta que en el discurso es leída como lo que cae con el peso de "es lo que es, nada que argumentar, que predicar, que dialectizar, ni siquiera quejarse". Al fin y al cabo, si se pudiera dialectizar algo, esa falta tendría el valor de lo simbólico (castración) o si al menos alrededor de ella pudiera sostenerse una queja tendría el valor de lo imaginario (frustración)

Pues no. Es lo que es. Tras su aparición en el discurso lo que resta es lo indecible (lo indecible es algo a leer, bien puede leerse en un bla, bla interminable, no requiere necesariamente de la aparición del silencio de palabras).Y eso en contrapunto con que la ley "no todos tienen falo" se presenta como una imagen inequívoca. Eso es el padre imaginario


(el  pequeño con su padre, es el gran Hendrix)

Los espero el próximo jueves 17/9 a las 18.30 hs en "Centro Dos" para entrarle al segundo y tercer giro de lectura de Lacan del caso Hans

Guillermo Cabado


Los pasajes del seminario citado se ubican en las páginas 275 y 276 del texto establecido por Miller y publicado por Paidós

Las imágenes fueran extraídas del sitio "Cultura inquieta"


(1) Ese comentario no deja de tener su gran interés: "Ya hace mucho que les hice ver la dimensión original, excepcional que adquiere Freud en todos sus análisis, porque la palabra interpretativa que le da al sujeto no es un enunciado que él transmita sino verdaderamente algo que él mismo ha encontrado y que accede directamente por su boca a la autenticidad de la palabra, referencia esencial tal como les enseño. Es imposible no darse cuenta de hasta qué punto una interpretación de Freud es distinta de todas las que nosotros podamos hacer después de él. Como a menudo hemos podido comprobar, Freud no se impone en esto ninguna clase de regla, adopta verdaderamente la posición que podríamos llamar divina - le habla al joven Juan desde el Sinaí, y él acusa el golpe.". Lacan nos está planteando un problema clave: ¿cómo intervenir sin hablar con el paraguas protector de la teoría, con "el casette puesto" de lo que ya sabemos?. ¿Cómo intervenir desde una posición de incautos?. Es que los no incautos, yerran... 



Sunday, September 06, 2015


"EL PADRE SIMBÓLICO ES IMPENSABLE" 
(parando un poco la pelota, para leer la lectura de Lacan del caso Hans)



Adelanto ya aquí un fragmento de esta nota pues lo considero crucial.
A partir de ello, se dividen las aguas de la dirección de una cura:
Aquí se abren la aguas: con "el papá que leemos en el discurso llamado 'caso Hans'", estoy diciendo dos cosas que implican un modo de pensar el psicoanálisis que no es el que muchas veces se sostiene.

1) Cuando decimos "padre" estamos hablando de un lugar, un lugar que es convocado a responder. Responder respecto del deseo. Luego, en ese lugar puede caer un papá, una mamá, un tío. Por lo tanto "padre" es una posición que sólo podrá ubicarse leyendo el discurso que se nos dirige en tanto analistas y no asomándose a la casa del paciente para ver quién es y cómo funciona el papá. 
2) Desde esta perspectiva, los psicoanalistas no trabajamos con las cosas del mundo, con las cosas que "son" y que pueden observarse en el mundo tridimensional (esto será crucial que lo recordemos cuando abordemos el problema de cómo Lacan habla de lo real en su seminario IV). Nosotros trabajamos con una idea que le debemos a los sofistas: el discurso produce existencias. Esto es: no nos importará si el "papá de la realidad" de Hans era así o no. Nos importará que en el discurso que se nos dirige y que nos disponemos a leer, esa posición paterna se presenta con tal o cual modo de respuesta.

(Freud y, dicen, el pequeño Hans)


 AHORA SÍ, DESDE EL INICIO:
"Si la imprescindible dimensión de la alteridad absoluta, de quien simplemente tiene la potencia y responde de ella, no interviene en ningún diálogo particular, es por alguna razón (....) El único que podría responder absolutamente de la función del padre como simbólico, sería alguien que pudiera decir como el Dios del monoteísmo: 'yo soy el que soy'.  Pero esta frase que encontramos en el texto sagrado no puede pronunciarla nadie literalmente" (Lacan, el 6/3/57, en su seminario IV, pag 212, preparándose para lo que entenderemos como el primero de los tres giros de lectura del caso Hans producidos allí por él)

Habría que agregar: no puede pronunciarla nadie literalmente... sin fallarnos. Porque al fin y al cabo, ¿qué es esa "función del padre" o "posición paterna" de la que habla Lacan en el seminario IV sino la que se habilita con la demanda de respuesta por parte del sujeto, llámese Moisés frente a la zarza ardiente o Juan ante su papá discípulo de Freud?. Esto es sensible y clave para pensar el psicoanálisis: no se "es" padre así como no se "es" analista, porque estamos hablando de posiciones habilitadas por la demanda y no porque nos hayamos recibido de ello, ni siquiera porque hace 5 minutos atrás hayamos ocupado esa posición...
"Me dirán entonces: 'usted nos enseñó que el mensaje que recibimos es el nuestro, en forma invertida, por lo tanto todo se resuelve con un Tú eres el que es". No lo crean, pues...¿quién soy yo para decirle esto a alguien, quien quiera que sea?. Lo que quiero indicarles es que el padre simbólico es impensable, hablando con propiedad.. El padre simbólico no está en ninguna parte. No interviene en ninguna parte"
Sin dudas Lacan está diciendo "che, no me tomen como el garante del orden, como un Otro sin falla". Pero agreguemos, que el padre simbólico no esté en ninguna parte no implica que tantas veces se apele a él. Era el caso del papá que leemos en el discurso llamado "caso Hans"...

(ese señor es el pequeño Hans, crecido y convertido en director de ópera)

SE ABREN LAS AGUAS

Aquí se abren la aguas: con "el papá que leemos en el discurso llamado 'caso Hans'", estoy diciendo dos cosas que implican un modo de pensar el psicoanálisis que no es el que muchas veces se sostiene.

1) Cuando decimos "padre" estamos hablando de un lugar, un lugar que es convocado a responder. Responder respecto del deseo. Luego, en ese lugar puede caer un papá, una mamá, un tío. Por lo tanto "padre" es una posición que sólo podrá ubicarse leyendo el discurso que se nos dirige en tanto analistas y no asomándose a la casa del paciente para ver quién es y cómo funciona el papá.

2) Desde esta perspectiva, los psicoanalistas no trabajamos con las cosas del mundo, con las cosas que "son" y que pueden observarse en el mundo tridimensional (esto será crucial que lo recordemos cuando abordemos el problema de cómo Lacan habla de lo real en su seminario IV). Nosotros trabajamos con una idea que le debemos a los sofistas: el discurso produce existencias. Esto es: no nos importará si el "papá de la realidad" de Hans era así o no. Nos importará que en el discurso que se nos dirige y que nos disponemos a leer, esa posición paterna se presenta con tal o cual modo de respuesta.

CONTINUEMOS CON LA IMPOSIBILIDAD DEL PADRE SIMBÓLICO

Decíamos que la afirmación de Lacan respecto de que el padre simbólico no está en ninguna parte no implica que tantas veces se apela a él. Era el caso del papá que leemos en el discurso llamado "caso Hans": una y otra vez sus respuestas buscaban el paraguas protector de un supuesto orden simbólico externo que funcionara como garante de lo que habría de decir. Un "orden del mundo" donde se puede descubrir cómo debe funcionar el mundo, un orden que le permitiría al que tiene que responder hacerlo sin preocupación por fallar. Advertirán que lo que aquí está merodeando es la apelación al Otro del Otro, propia de cuando el Otro completo nos deja tambaleantes. Al fin y al cabo, si la respuesta que recibe Moisés no es plena, ¿por qué no suponer que al menos por un instante se haya imaginado remitiéndose a una "segunda instancia", a un más allá de Dios, al Otro del Otro, para que se dé la respuesta plena y ya?. 

(ahora operamos al revés: una niña que luego será artista, Bjork)

Si bien habrá que esperar aún dos años para que Lacan afirme "no hay Otro del Otro", ya se esboza que con una respuesta del tipo "Yo soy el que soy" ("Yo soy el que Yo es", corregirá Lacan su traducción en su seminario XVI...), si el sujeto se tienta con apelar a una segunda instancia es porque está tropezando con lo indecible que resuena en lo literal. Es decir: con la instancia de la letra. Pues bien, ya ingresando a sus doce clases alrededor del caso Hans, Lacan está también próximo a dictar su conferencia de mayo del 57' ante estudiantes de Letras: "la instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud".

¿Y EL PADRE REAL?

Un poco después, en la misma clase del 6 de marzo Lacan dirá respecto de esta dimensión de "respuesta llamada" (insisto: ¡¡no hay padre sin demanda que lo habilite!!... lo mismo sucede con "psicoanalista") que nombramos "padre simbólico" (1):
"Este padre mítico (...) no interviene en ningún momento de la dialéctica, salvo por mediación del padre real, el cual en un momento cualquiera vendrá a desempeñar su papel y su función, permitiendo vivificar la relación imaginaria y dándole su nueva dimensión. Sale del puro juego especular para dar su encarnación a aquella frase que antes calificamos de impronunciable, tú eres el que eres. Si me permiten el juego de palabras y la ambigüedad que exploté ya cuando estudiábamos la estructura paranoica del presidente Schreber, no es tú eres el que eres, sino tú eres el que matabas (aquí hay un equívoco que se produce en francés entre el "tu es" y "tuais", que metonimiza "tú eres" en "matabas" ). (...) Sólo así hay algo que responde en lo simbólico" (pag 213, de la edición de Paidós, establecida por Miller)
Clarito: el "padre real" no tiene que ver con el "verdadero papá" que está más allá de cómo lo puede ver el paciente. El "padre real" es una posición de respuesta que se despreocupa del paraguas protector que garantice que el sujeto tenga una respuesta plena, bien explicada y argumentada. Es una respuesta que tiene el valor de "corta la bocha: te digo esto, leelo vos, jugá tu carta, tomá posición, pero no hay más vuelta... es lo que es". Sólo así puede haber una respuesta de lo simbólico, cuando se prescinde de la respuesta sostenida en la garantía de lo simbólico de la que hablábamos antes.
Justamente, para despejar cualquier confusión que por momentos puede producirse en el marco del seminario IV entre "real" y "realidad", les propongo entender la definición de Lacan de lo real, a esa altura de su enseñanza como "es lo que es". De ello no hay nada que podamos predicar, argumentar, metonimizar. Es lo que en el discurso del paciente surge como un agujero respecto de producciones de sentido: una y otra vez eso va al mismo lugar. Y si quieren pueden agregarle el clásico "cric cric" de los grillitos que se escuchan en el silencio de lo indecible.

(perdón, me cebé con el juego: ¿y éste niño quién será cuando sea grande?...¡Sí!: Freddy Mercury... bueno, basta, sigan prestando atención a Lacan que ya termina)


EL PADRE IMAGINARIO

En la clase siguiente, 13/3/57, Lacan dirá: "el padre imaginario y el padre real son dos términos que nos plantean muchas menos dificultades". Y enseguida ubica al padre imaginario en términos de "la figura del padre, con todos sus aspavientos, (que) sólo tiene una relación extremadamente lejana con lo que ha estado efectivamente presente en el padre real del niño". Aquí tenemos la dificultad de este seminario: ese "padre real" puede llevarnos al papá de los hechos o puede llevarnos a lo que en el discurso del niño aparece como irreductible a toda imagen que se pueda hacer del padre. Les propongo esta segunda vertiente. Desde allí entonces podemos trazar un hilo hasta el inicio de la clase del 3 de abril donde dirá:

"¿Qué quiere decir que ha de ser un padre imaginario quien establezca definitivamente el orden del mundo, a saber, que no todo el mundo tiene falo?. Es fácil reconocerlo: el padre imaginario es el padre omnipotente, es el fundamento del orden del mundo en la concepción común de Dios, la garantía del orden universal"

Ese "padre omnipotente" es solidario de la omnipotencia que implica todo lo que sea del orden de la imagen yoica. No en el sentido de creerse Superman sino en tanto la ilusión de poder aprehenderse plenamente (es por esto que creerse el más pusilánime de la faz de la Tierra puede tener el mismo valor que creerse Superman...). Que la ley "no todo el mundo tiene falo" sea parte de eso y no de la castración, nos indica claramente que ésta quedará ubicada por Lacan en tanto el encuentro con la insuficiencia de la Ley para responder por el orden del mundo y no para soportar "la diferencia anatómica". 



Eso será en nuestro próximo artículo

Guillermo Cabado

(para el taller "¿Leer la letra... o mirar el piso?", una articulación entre la lectura de Lacan del caso Hans de Freud y la película "La caza" de Vinterberg)

(1) Así, como esto a su vez está contrabalanceado cuando dice que el sujeto "sólo puede entrar en este orden de la ley si, por un instante al menos,ha tenido frente a él un partener real, alguien que en el Otro haya aportado efectivamente algo que no sea simplemente llamada y vuelta a llamar (...) alguien que responde" (pag 212 de Paidós). Este "partenaire real" no debe reducirse a "la persona que en la realidad le respondió" (esa "realidad objetiva" que incluso podría ser confirmada preguntándole a diversos testigos si efectivamente sucedió). Este "real" implica sin dudas la presencia de otro cuerpo respondiendo, pero eso a su vez inevitablemente cortocircuitado por el peso de "cómo fue escuchado por el niño". Se trata de una irreductible tensión entre dos lugares que cuando de lo que se trata es del deseo inconciente y no de la Historia, nos expulsa desde ya siempre e inevitablemente del "paraíso de los hechos objetivos". Sin dudas que el papá de Hans intervenía (Lacan llama a esta dimensión "el personaje del padre") . Pero el punto es cómo entra eso en el psicoanálisis: entra en el discurso que se nos dirige. Luego allí se aplica todo lo ya desarrollado

Friday, September 04, 2015

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- 1 -
DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK

(¿HAY CINE o TEATRO PARA NIÑOS?)



Serie en 9 entregas, desarrollada originalmente entre agosto y octubre de 2005
Al calor de la experiencia de haber escrito y puesto en escena "Dedos en el espejo"
Todas estas reflexiones son deudoras del intercambio con aquel bello grupo de actores que me acompañaron en la búsqueda de una poética que no fuera "para chicos" pero los incluyera. 
Pero también deudora de los pacientes niños que han llegado a mi consultorio.

*** Nro. cero de la serie ***

"No es una película para chicos (...)
Quizás les parezca visualmente divertida
pero es una historia para adultos;
o son ellos los que entenderán mejor toda la historia"

(crítica de "Chandler" sobre "Charlie y la fábrica de chocolate"
en cinesargentinos.com.ar: www.cinesargentinos.com.ar)


Desde hace 15 días la última película de Tim Burton, "Charlie y la fábrica de chocolate" (1) , está en cartel. Verla ha sido reactivar una inquietud que me ocupa tanto cuando escucho relatos en el consultorio como cuando intento montar un espectáculo teatral: ¿no será "la infancia" un puro invento de los adultos?.

La razón de estas líneas es hacer un pasamanos con esa inquietud, un "pasala y, acaso, que vuelva". Se trata de un pequeño recorrido reflexivo que les propongo, hecho de ocho correos electrónicos, uno por semana. Con ellos intentaré trazar un arco entre dos puntos: de Tim Burton a Alejandra Pizarnik, o de cómo el "para chicos" suele ser un preservativo de uso adulto.

Para fundar la serie, hoy envío lo que convendría pensar como "el cero de dicha serie". Acaso no sea casual que para ello apele a una anécdota personal:










Mi hijo a los 10 años mirando el Chavo a las 4 de la tarde en la tele. Flash informativo: "los padres del joven secuestrado recibieron un dedo de su hijo salvajemente cortado por los secuestradores". Estuve por cambiar de canal. A veces lo hago. Pero recordé entonces algo recientemente descubierto: en ocasiones me apresuro a suponer qué le puede pasar ante tal o cual vivencia; y en ello, claro, le yerro fiero. Por tanto no cambié de canal. Esperé, inquieto, a que él dijera algo. Y dijo. Preguntó si uno podría morirse cuando le cortan un dedo. 
Le expliqué, intentando limitarme a lo que me había consultado. Después calló. Resistí como pude a la tentación de interrogarlo (...¿qué estaría pensando en ese momento?). Y esperé. 

Pero no hubo más: a los dos minutos se estaba riendo otra vez con Chespirito.


Trazada esta marca sin moralejas conclusivas, intentaré en el próximo correo, en una semana, comenzar a articular ese arco que vaya de Burton a Pizarnik.

Guillermo Cabado

PARA LEER EL SIGUIENTE NÚMERO DE ESTA SERIE: http://cabado.blogspot.com.ar/2015/09/blog-post.html

(1) Me llevó al cine un doble interés:

a) lo que yo supongo una fuente de estímulo en común para muchos (una pena no tener el talento del gran Tim): las imágenes fabriles de "Tiempos modernos" de Chaplin, que en mi caso me disparara el año pasado la escritura de una obra sobre una fábrica de galletitas con el olor de la Terrabusi de los años 60' en la calle San José;

b) el hecho de que unos días antes de ver la película de Burton, viera en el BAC la versión filmada por los ingleses en 1971. Es curiosa la decisión de Tim Burton de darle al personaje encarnado antaño por Gene Wilder y ahora por Johnny Depp, algo que no tenía hasta ahora: un padre y con él una biografía "explicativa". Parece haber en ello tela para cortar.