Saturday, March 21, 2015


22 - Nozarashi

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NOZARASHI
(INTEMPERIE)

* capítulo 22 *




Un juego de verano
en el jardín japonés.

(a Ricardo Rodríguez Ponte, 
de cuyo apasionado trabajo 
hallarán esquirlas desperdigadas 
a lo largo de estos breves capítulos)


CAPÍTULO 22

Es inadmisible, pero hasta aquí llegué. A pesar de vivir en Buenos Aires rara vez paso por Villa Devoto. Mientras caminaba buscando la dirección que me diera Alcides me pareció estar en otra ciudad. Las casas, el cielo, un extraño edificio azul frente a la basílica. Al fin la diagonal que está a pocas cuadras del hospital. Y en ella, una tintorería como aquéllas que pisaba con mi abuela. 


Sentí un júbilo pequeño al ver las máquinas antiguas, sus sonidos de solvente, a través de la vidriera. Moví el picaporte pero la puerta estaba cerrada con llaves. En un barrio donde casi nada se mueve a la hora de la siesta, ¿para qué tener abierto el negocio?. Toqué el timbre. Pasaron varios segundos hasta que un viejito japonés abrió para preguntarme qué deseaba.

En una ráfaga atravesamos la penumbra del negocio hasta llegar al patio, a la galería y la parra. Pero ese olor.

Inconfundible.

¿Hay algo más bello que ser devorado a las cuatro de la tarde por ese olor antiguo de las tintorerías de antes de ayer?. 




Bajo los festones de zinc estaban sentados Alcides y tres japoneses de mediana edad. Conté cuatro sillas vacías. Me propusieron esperar unos minutos. Habían pedido extrema puntualidad. Pronto sonó el timbre. Dos mujeres se sumaron al grupo. Me di cuenta de que estaban en la misma situación: dábamos el paso previo a decidir nuestra participación en una cooperativa con nada menos que el aval del banco de Tokyo y sin empresas intermediarias. Me confié: ellas parecían galeristas.



Entonces entró Utagawa. Oriundo de la isla de Sado, es artista visual y sobrino de uno de los japoneses más respetados de la comunidad que vive en nuestra ciudad.

Tomó un vaso de agua. Unos minutos después ya había explicado por qué detesta al "arte proyectual", alimentado a base de subsidios del primer mundo y de artistas que proyectan obras que caben en las expectativas de los curadores. Nada dijo del supuesto vínculo con Kaikai Kiki, del que me hablara Alcides..

Después pronunció con desprecio el nombre de Damien Hirst y extrajo una alucinada copia del estudio de ADN que certifica que el pene que ya compró el grupo inversor es exactamente aquél que desapareciera misteriosamente del museo de la Facultad de Medicina de Tokyo. En definitiva lo que ahora restaba era terminar de reunir las inversiones menores y periféricas. 



Utagawa no habla ni un suspiro de castellano. El hombre sentado a su lado traducía sin prisa. Después, el render con el proyecto de instalación que Utagawa ya está realizando a partir de unas cadenas de ácido desoxirribonucleico y el falo exhausto de aquel amante de Abe Sada. 

Yo debo estar loco. 

Pero ese olor... Y la felicidad. Y la hora de la siesta.













(Para leer el capítulo 23, clic aquí)

Guillermo Cabado




La primera de las imágenes de tintorería pertenece a una performance del músico Diego Stocco 
cuya composición sonora con objetos de tintorería puede escucharse haciendo clic aquí  

El video pertenece a la compañía Kodo dedicada al taiko, ensamble musical de percusión con grandes tambores.

La imagen restante pertenece a una obra de Little Artists (John Cake y Darren Neave) que recrea con piezas de Lego la obra ya citada en el capítulo anterior de Damien Hirst:  "La imposibilidad de la muerte en la mente de alguien vivo"

Desde la llegada del primer inmigrante japonés a finales del siglo XIX, la actividad de limpieza de ropa se constituyó en la segunda profesión de los japoneses residentes en el país, después de la horticultura. Con el tiempo llegó la primer máquina Hoffman y con ella el nacimiento de las tintorerías en Argentina. En 1920 había 22 personas registradas con ese menester. En 1936 ya eran 812. A propósito de las tintorerías antiguas recomiendo leer este artículo sobre el conflicto que se inició hace unos pocos años atrás a partir de una polémica ley de la ciudad de Buenos Aires: Clic

No habría un Utagawa de ficción sin el pintor de ukiyo-e Utagawa Kuniyoshi, hijo de un tintorero del siglo XIX.


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